
Durante años Ecuador permaneció al margen del narcotráfico, a pesar de estar ubicado entre los campos de coca de Colombia y Perú. Sin embargo, esta situación cambió en el 2016 luego de que la extradición de el Chapo Guzmán desestabilizó al cártel de Sinaloa, por lo que, algunas bandas criminales de Italia, Serbia y Rusia, tomaron el control de las rutas de tráfico y comenzaron a concentrarse en la costa pacífica ecuatoriana, estableciendo conexiones con más de 20 grupos locales que, anteriormente, competían por el control de territorios urbanos y pequeñas comunidades pesqueras. Ahora, estos grupos locales encontraron una oportunidad mucho más lucrativa: convertirse en socios clave en el tráfico internacional de cocaína, un negocio que mueve más de 100.000 millones de dólares al año.
“Para 2022, las imágenes satelitales revelaron que la mitad de las plantas de coca de Colombia se habían trasladado al sur, a regiones fronterizas con Ecuador”
Fuente: The Economist
Ecuador era un país con numerosos puertos vinculados por carreteras accesibles. A seiscientas millas al oeste, las Islas Galápagos se perfilan como un punto estratégico para el abastecimiento y distribución de cargamentos ilegales. Además, su próspera industria turística y una economía dolarizada brindan oportunidades para blanquear ganancias ilícitas. La agitación de las pandillas ha desfigurado a grandes segmentos de la sociedad ecuatoriana, siendo además de un país que no ha sabido afrontar adecuadamente su epidemia de delincuencia, en uno que tal vez nunca se recupere de ella.

“Son demasiados para contarlos”.
Fuente: The Economist
Por las noches, moradores de sectores como Los Bajos de Montecristi, Manabí, relatan cómo se escuchan disparos y se percibe el ambiente a podredumbre. Esta zona se ha vuelto un cementerio, no solo de carros robados e incendiados, sino de pilas de cadáveres desechos de personas que fueron secuestradas y en su mayoría llegan ahí luego de varios días de ya estar muertos.







