La Nueva República

Noboa cumple dos años como presidente y Ecuador suma 15,561 homicidios

El presidente Daniel Noboa. Foto tomada del archivo de La Nueva República.

El 1 de enero de 2024, mientras Ecuador intentaba celebrar la llegada del Año Nuevo, una ola de violencia sin precedentes se desató, dejando un total de 64 asesinatos en apenas 24 horas. Este trágico día se convirtió en el más violento de la administración de Daniel Noboa y el cuarto más sangriento de la historia del país.

En Durán, provincia de Guayas, sicarios irrumpieron en una vivienda en el sector Abel Gilbert Pontón y acribillaron a cinco hombres que festejaban en la acera. Las ráfagas de fusil interrumpieron la celebración y sembraron el pánico, marcando un comienzo de año de horror en la Costa. Este acto de violencia fue solo el inicio de una jornada sangrienta que se replicó rápidamente en otras zonas del país.

Casi al mismo tiempo, en Esmeraldas, un comando de hombres armados, vestidos con uniformes similares a los de la Policía Nacional, ejecutó otra masacre que dejó al menos cinco víctimas fatales. El 1 de enero de 2024, con 64 muertes, se consolidó como uno de los días más violentos de la historia de Ecuador, solo superado en violencia por tres masacres ocurridas en las cárceles del país: el 28 de septiembre de 2021 (129 muertes), el 23 de febrero de 2021 (85 muertes) y el 12 de noviembre de 2021 (71 muertes). Sin embargo, lo que marcó la diferencia en este caso fue que, a diferencia de las masacres carcelarias, los asesinatos del 1 de enero tuvieron lugar en las calles y barrios del país, desbordando por completo la capacidad de respuesta de las autoridades.

Desde aquel comienzo de año tan violento, la situación de inseguridad en Ecuador no ha dado tregua. Entre el 23 de noviembre de 2023, inicio de la administración de Daniel Noboa, y el 31 de octubre de 2025, el país ha registrado un total de 15.561 asesinatos.

Esta alarmante cifra refleja una cruda realidad: las estrategias de seguridad implementadas, que incluyen estados de excepción y la militarización de ciertas zonas, no han sido suficientes para frenar la creciente ola de violencia criminal que azota a Ecuador, dejando a su paso una sensación de inseguridad generalizada y un desafío cada vez mayor para las autoridades.