
Guayaquil, 13 de noviembre 2025. Después de más de dos siglos de historia, Estados Unidos ha decidido detener la producción del penny, la tradicional moneda de un centavo que durante generaciones ha formado parte de la vida cotidiana y la identidad económica del país. La decisión fue adoptada por la Casa de la Moneda (U.S. Mint) como parte de un plan de modernización monetaria, luego de determinar que el costo de fabricación era cuatro veces superior a su valor real.
Un cambio histórico en la economía estadounidense
El penny fue introducido oficialmente en 1792, bajo la Ley de la Moneda, y se convirtió en un símbolo nacional cuando en 1909 se incorporó la imagen del presidente Abraham Lincoln. Desde entonces, esta pequeña pieza de cobre y zinc se transformó en uno de los íconos más reconocibles del sistema financiero estadounidense.
Sin embargo, con el paso de los años, su utilidad se ha reducido drásticamente. El aumento en los costos de producción, el avance de los pagos digitales y la menor circulación del efectivo llevaron a las autoridades a tomar una decisión considerada inevitable: poner fin a la acuñación del centavo.
La moneda seguirá en circulación
Aunque ya no se fabricarán nuevas unidades, el penny continuará siendo moneda de curso legal, por lo que los ejemplares existentes podrán seguir utilizándose en transacciones o conservarse como piezas de colección. Expertos estiman que la medida permitirá al gobierno ahorrar millones de dólares anuales, recursos que podrán destinarse a otras áreas prioritarias.
El cierre de su producción también genera un impacto simbólico: para muchos estadounidenses, el penny representaba una conexión con la historia, la cultura y la educación financiera de generaciones enteras.
Un paso hacia la modernización monetaria
El fin del penny forma parte de un proceso más amplio de modernización económica. En los últimos años, Estados Unidos ha promovido políticas para optimizar la producción de monedas y billetes, impulsando al mismo tiempo el uso de medios de pago electrónicos. Esta medida refuerza esa tendencia, marcando el final de una era pero también el inicio de una etapa más eficiente y adaptada a los nuevos tiempos.







