
En una entrevista de alto contenido geopolítico e histórico, el doctor Marcelo Gullo abordó uno de los debates más trascendentales del presente: la ruptura del orden mundial vigente y el futuro de Occidente en un escenario cada vez más multipolar. El análisis, dirigido especialmente a los más de 600 millones de hispanos, parte de una premisa central: comprender el presente es indispensable para anticipar el futuro y tomar decisiones estratégicas como civilización.
Durante la conversación, se subrayó que la política y la historia son procesos inseparables. La actualidad, explicó Gullo, no es un hecho aislado ni circunstancial, sino el punto de partida de los acontecimientos que mañana serán historia. Analizar lo que ocurre hoy permite ganar lucidez, objetividad y claridad para entender hacia dónde se dirige el mundo y cuál debe ser la posición de la hispanidad y la geo-hispanidad en ese nuevo tablero global.
Marcelo Gullo Amadeo es escritor, politólogo y analista geopolítico argentino, doctor en Ciencia Política, magíster en Relaciones Internacionales y profesor universitario durante décadas en Argentina y otros países de Hispanoamérica. Es considerado uno de los pensadores más influyentes del mundo hispano en materia de historia, poder, imperios y relaciones internacionales. Su trayectoria intelectual se ha centrado en el estudio de la dependencia, la hegemonía global y el papel histórico de España y del mundo hispano en el sistema internacional.
Uno de los ejes centrales de la entrevista fue el concepto de la “insubordinación fundante”, desarrollado por Gullo en su obra homónima, publicada en 2008. En ese libro, hoy más vigente que nunca, el autor anticipó con notable precisión el retorno de un imperialismo de suministros, impulsado por la disputa global por recursos estratégicos como el petróleo, las tierras raras, el gas, el uranio y otros minerales esenciales para la industria, la tecnología y la defensa.
Según explicó Gullo, la acelerada industrialización de Asia —especialmente de China e India— y la incorporación de cientos de millones de nuevos consumidores ha generado una crisis estructural de recursos, provocando lo que denomina una “crisis de pasaje”: un período histórico en el que el viejo patrón energético no termina de morir y el nuevo aún no termina de nacer. Este tipo de crisis, recordó, ya se vivió en el pasado y fue uno de los factores que desembocaron en la Primera Guerra Mundial.
En este contexto, Gullo sostuvo que Estados Unidos tomó decisiones estratégicas clave a partir de 2005, mucho antes de la llegada de Donald Trump al poder. Desde entonces, los organismos de inteligencia, el Departamento de Estado y el Departamento de Energía estadounidense concluyeron que era imprescindible asegurar el control directo de territorios con recursos estratégicos, incluso mediante la fuerza. Venezuela, Irán, Groenlandia y otras regiones no serían episodios aislados, sino parte de una política de Estado de largo plazo.
El analista fue enfático en señalar que centrar el análisis en la figura de Donald Trump es un error geopolítico. Trump, afirmó, no es la causa sino el instrumento visible de una estrategia previamente definida. La misma política habría sido ejecutada por cualquier administración, demócrata o republicana, porque responde a una lógica estructural del poder estadounidense y no a la personalidad de un líder en particular.
Gullo advirtió que este nuevo imperialismo de suministros no será exclusivo de Estados Unidos. Otras grandes potencias como China y Rusia actuarán de manera similar en la disputa por recursos escasos, lo que abre una etapa de mayor conflictividad internacional y acelera la transición hacia un mundo multipolar. En este escenario, Occidente —tal como se lo ha conocido— enfrenta un proceso de declive histórico, no necesariamente inmediato, pero sí irreversible si no redefine su estrategia.
Finalmente, el pensador argentino remarcó que la clave del poder global sigue siendo la misma: quien controla los recursos estratégicos, controla la economía y, en consecuencia, las grandes decisiones del mundo. Todo lo demás —discursos de seguridad, democracia o estabilidad— suele funcionar como justificación externa de una lucha mucho más profunda.
La entrevista dejó una advertencia clara: el orden mundial nacido tras la Segunda Guerra Mundial se está resquebrajando, y la hispanidad debe comprender este momento histórico para no quedar, una vez más, relegada en el reparto del poder global.







